Los amorfinos cortos se caracterizan por contar con pocas estrofas o incluso una sola. Los amorfinos son cantos de reto, amor y picardía, parte de la tradición de los pueblos de la costa
Los amorfinos cortos son originarios de las provincias de El Oro, Guayas, Los Ríos y principalmente Manabí, tienen su inspiración en las coplas españolas recitadas por los conquistadores. A estas coplas, los habitantes locales les añadieron expresiones populares propias de la región. Mientras que los cantos españoles abordan una variedad de temas, los amorfinos se centran principalmente en el amor
Los amorfinos cortos son versos tradicionales que combinan humor y sarcasmo para expresar amor o cortejo. Esta forma poética, arraigada en la cultura ecuatoriana y presente también en otros países de América Latina como Colombia y Perú, se utiliza para manifestar sentimientos, hacer cumplidos o incluso bromear. Aquí tienes 27 amorfinos cortos:
Yo no digo que soy rico,
ni que tengo casa deteja;
pero tengo un amorcito
más dulce que miel de abeja.
Dicen que el ají maduro
pica más que la pimienta,
así son las malas lenguas
que sin preguntarles cuentan.
El anillo que me diste
fue de oro y se rompió;
el amor que me tuviste
duró poco y se acabó.
Amorfino, no seas tonto,
aprende a tener vergüenza
el que te quiso, te quiso,
y el que no, no le hagas fuerza.
Cuando dos se están queriendo
y no se pueden hablar
por el hoyo de una aguja
se mandan a saludar.
Soy candela para arder
y viento para volar,
soy firme para querer
y valiente para olvidar.
Por ahí viene Jesucristo
brincando por las paredes,
Jesucristo por los hombres
y el diablo por las mujeres.
Yo sembré mi naranjito
en medio del naranjal;
¿para qué lo sembraría,
si tu amor se va a acabar?
Chiquitita, te busqué
chiquitita, te encontré
chiquitita de mi vida
yo me muero por usted.
El plátano para comer
debe ser verde o pintón,
el hombre para querer
no debe ser conversón.
La vecina de aquí al frente,
tiene una panadería,
a los casados les vende
y a los solteros les fía.
Cuando pase por tu casa,
te he de pegar un silbito;
si tu mama te pregunta,
dile que es un pajarito.
Las aves en la montaña
anidan en algodón:
yo en cambio quiero anidar
dentro de tu corazón.
Soy candela para arder
y viento para volar
soy firme para querer
y valiente para olvidar.
Los jovencitos de hoy en día,
tan buenos y tan sencillos,
por ahí donde los ven
no tienen ni calzoncillos.
San Pedro tenía una novia,
San Pablo se la quitó:
si así fueron los santos
¿Por qué no he de serlo yo?
Las muchachas de este tiempo,
son como la naranjilla:
No se conforman con uno,
sino con toda la pandilla.
Anoche me fui por verte,
por encima del tejado,
salió tu mama y me dijo
por la puerta, ¡desgraciado!
A Adán le hizo Dios,
a su gusto y semejanza
como Adán andaba triste
le dio a Eva sin tardanza.
Yo soy la media naranja,
yo soy la naranja entera,
yo soy un botón de rosa
pero no para cualquiera.
Las mujeres de este tiempo,
son como el limón podrido:
apenas tienen quince años,
ya piensan en marido.
Las estrellas en el cielo
me salieron a alumbrar,
como me encontraron solo
se volvieron a entrar.
Las mujeres de este tiempo,
son como el alacrán;
ven al hombre pobre,
alzan el rabo y se van.
Arriba en ese cerro,
hay un palo colorado,
donde cuelgo mi sombrero
cuando estoy enamorado.
Quisiera ser pajarito
con patitas de algodón
para volar a tu pecho
y tocarte el corazón.
Tu ausencia será mi muerte,
tu mensaje mi vivir,
si no quieres que me muera,
no me dejes de escribir.
Tardé una hora en conocerte
y solo un día en enamorarme,
pero me llevará toda una vida
lograr olvidarte.
Introduce a los más pequeños en el mundo poético de los amorfinos. A continuación 12 amorfinos tiernos y juguetones para incentivar la creatividad de los niños:
El hombre en el valor
es como el amorfino:
está en cualquier camino
haciendo de cantor.
Quisiera ser pajarito
con patitas de algodón
para volar a tu pecho
y tocarte el corazón.
¡Qué viva mi amorfino!
que canto con mucho amor,
porque es una joya linda,
folklor de mi Ecuador.
Si canto el amorfino,
no lo hago por afición:
le canto porque soy montuvio
y lo llevo en mi corazón.
La escuela es como un barco
el maestro es el capitán
y los alumnos son marineros
que quieren aprender a navegar.
El sol es una naranja
la luna es un limón
y las estrellas son dulces
que reparte el corazón.
El gato es muy travieso
le gusta jugar con el ratón
pero cuando ve al perro
se esconde debajo del colchón.
Mi mamá es una flor,
mi papá es un clavel
y yo soy una semilla
que quiere crecer y crecer.
El chocolate es muy rico,
el helado es mejor,
pero nada se compara
con un beso de tu amor.
No todo es picardía, los amorfinos son en su más profunda escencia, declaraciones de amor.La máxima expresión de amor en los pueblos montubios, es dedicarle un elegante amorfino a quien te quiteel sueño. Conoce aquí, amorfinos de amor:
De tus labios quiero un beso,
de tu camisa quiero un botón,
y de tu pecho quiero
todito tu corazón.
Si amarte fuera verte,
si verte fuera perderte,
prefiero amarte sin verte,
que verte para perderte.
El amor que yo te tengo
es puro y sincero
porque tú eres en mi vida
la montubia que yo quiero.
Yo no digo que soy rico,
ni que tengo casa y teja,
pero tengo un amorcito
más dulce que miel de abeja.
De la naranja mordí
del vino probé una gota
del besito que le di
dulce le quedo la boca.
De la caña sale el azúcar
del cacao el chocolate
mira mijita linda
como el corazón me late.
Las ventanas a la calle
son cosa peligrosa,
al menos por los padres
que tienen hijas hermosas.
En el fondo de la mar
suspiraba un caciquito,
y en el suspiro decía:
"Quiéreme, que soy solito".
Qué bonita casa nueva,
en ajena posesión,
la niña que está adentro
es la dueña de mi corazón.
Escucha cómo rumba
el eco de los cantores,
así retumba en mi pecho
el eco de tus amores.
Te me declaraste,
y no te pude decir ni un pero,
aunque los dos sabemos
que de verdad te quiero.
Quisiera decirte cosas lindas,
en esta noche esplendorosa,
que si un beso tú me dieras,
yo te regalaría una rosa.
Los amorfinos manabitas son versos populares y poéticos que forman parte de la rica tradición cultural de la región montuvia en la provincia de Manabí, Ecuador. Estos versos se transmiten de generación en generación y se utilizan para expresar sentimientos de amor, rechazo o incluso para jugar con el doble sentido. Aquí tienes algunos ejemplos:
¡Qué viva mi amorfino!
Que canto con mucho amor,
porque es una joya linda,
folklor de mi Ecuador.
Si canto el amorfino,
no lo hago por afición:
le canto porque soy montubio
y lo llevo en mi corazón.
El verso del amorfino
se acomoda como quiera:
para mí la cola es el pecho
y el espinazo la cadera.
El hombre que a mi me quiera,
tiene que tener dinero,
porque gallo con poca pluma,
no entra en mi gallinero.
Eres chiquita y bonita,
eres como yo te quiero,
eres la estrella más linda,
en medio de dos luceros.
Amorcito de mi vida,
amorcito de mi encanto,
¿qué cosita tú me has hecho
para yo quererte tanto?
Allá viene la luna hermosa,
saliendo del carrizal,
boquita de caña dulce,
como te pudiera besar.
Del cogollo de la palma,
me comeréla mitad,
no hay con más amarga,
que el amor sin voluntad.
Los montubios despliegan su ingenio y picardía al cortejar a las jóvenes:
Anoche te lo pedí,
y no me quisiste dar.
Ojalá que se te oxide,
y no lo vuelvas a usar.
Te me estás regando,
como verdolaga en playa.
Yo te voy a recoger,
como peje en atarraya.
Las mujeres de este tiempo,
solo quieren por interés.
Si el burro tuviera plata,
también lo supieran querer.
Allá arriba, en ese cerro,
hay una puerca preñada.
Cada vez que subo y bajo,
se parece a mi cuñada.
Esta calle, para arriba,
voy a mandar a empedrar,
para que pase tu suegra,
vestida de militar.
Allá arriba en ese cerro,
hay una mata de algarrobo,
donde yo amarro mi caballo,
y a tu ñaña me le robo.
Las mujeres de este tiempo,
son como el limón podrido,
apenas tienen quince años,
ya piensan en marido.
Las muchachas de este tiempo,
son como la naranjilla,
no se conforman con uno,
sino con toda la pandilla.
Las mujeres montubias utilizan su ingenio para enviar indirectas, muy directos, a los hombres:
Los jóvenes de este tiempo
son como la piña madura,
cuando se les pide doria
les da frío de calentura.
El amor del hombre pobre
es como el pollito enano,
que en brincar y no alcanzar,
se la pasa todo el año.
Amores habrás tenido
como verdolaga en playa,
pero nunca vas a tener
una negra de esta talla.
Los jóvenes de mi pueblo
ya quieren ser casados,
sólo para comer
ricos cuyes asados.
Los jóvenes de este tiempo
son de pura tentaste,
meten la mano al bolsillo
y la sacan siempre vacía.
Ya te conozco, cholito,
que te das de enamorado,
andando de puerta en puerta,
como lagarto cebao.
Los jóvenes de este tiempo
son como la paja saca,
apenas dan para el arroz
y no dan para la manteca.
Ayer pasaba por tu casa,
estabas comiendo gallo,
los dientes re resonaban
como frenos de caballo.
Después de cien años muerto
por los gusanos comido
encontrarán en mis huesos
señal de haberte querido.
Los hombres dicen que me quieren,
eso es mentira, carajo,
lo que quieren es joder
de la cintura para abajo.
En el folclor latinoamericano, los amorfinos de parejas son un duelo poético donde dos corazones se enfrentan con sátiras e indirectas en versos cantados. Es un juego de palabras con doble sentido, donde la rapidez mental y la astucia son claves para vencer. Más que una simple rima, es una expresión de amor, humor y picardía, que refleja la idiosincrasia latinoamericana.
Si presencias un contrapunto de amorfinos, prepárate para un espectáculo único lleno de pasión, ingenio y diversión. A continuación algunos amorfinos contrapunto o amorfinos con respuestas:
Mujer:
Yo soy rica como el coco,
sabrosa como el encocao.
El hombre que a mí me prueba,
si no queda loco queda desmayao.
Hombre:
Yo soy la concha de coco,
y también la de raspar.
Yo soy el marido tuyo,
y también de tu mamá.
Mujer:
Yo soy la pólvora negra,
revuelta con dinamita.
Cuando te metes en mi cama,
lo que encuentro es una mechita.
Hombre:
Yo soy la pólvora negra,
revuelta con dinamita.
Me quito el maldito nombre,
si no hago abuela a tu mamita.
Mujer:
Allá arriba de esa loma,
hay un palo de tamaré.
Quítate ese calzoncillo,
que lo cargas más de un mes.
Hombre:
Allá arriba de esa loma,
suspiraba una lechona.
Y en un suspiro decía:
anda péinate machona.
Mujer:
Yo soy rica como el coco,
sabrosa como el maní.
De rodillas tendrás que venir,
por esta que tengo aquí.
Hombre:
Tú dices que te vas a ir,
picante como la pimienta.
Tú tienes que regresar,
por este que te alimenta.
Hombre:
Yo soy el tigre pintado,
de las pintas menuditas.
Yo soy el que me enamoro,
de las mujeres bonitas.
Mujer:
Si quieres salir conmigo,
anda báñate en el Chimborazo.
Para que no digan mis amigas,
que apestas a gallinazo.
Hombre:
Si pluma de oro tuviera,
papel de plata comprara,
para escribirte una carta
que un ángel te la llevara.
Mujer:
No quiero cosas con dueño,
cosas que se van mañana,
quiero cosas que me duren
años, meses y semanas.
Hombre:
Soy montubio amorfinero,
de la hacienda Clementina,
y soy el gallo que canta
a toditas las gallinas.
Mujer:
Yo soy la niña Engracia,
de la hacienda Buen Reposo,
el hombre que a mí me quiera
tendrá que ir paso a paso.
Hombre:
Las mujeres de este tiempo
son como el alacrán,
medio ven a un hombre sin plata,
alzan el rabo y se van.
Mujer:
Yo soy la media naranja,
yo soy la naranja entera,
yo soy un botón de rosas,
pero no para cualquiera.
Hombre:
Todos los hombres tienen
en el pecho la alegría,
y dos cuartas más abajo
el cañón de artillería.
Mujer:
Todas las mujeres tienen
en el ombligo un penacho,
y dos cuartas más abajo
la fábrica de hacer muchachos.
Hombre:
Ya salió la gallina
para ponerse a cacarear.
Usted cierra el pico
y súbase a cocinar.
Mujer:
Si a cocinar me has mandao,
que no me quiere ver,
por qué yo soy la Vicenta,
una bravía mujer.
Hombre:
Abre mi pecho y registra
hasta el último rincón,
y verás que a ti solita
te tengo en mi corazón.
Mujer:
Ese verso sí me ha gustado,
cantado con yapa y pezuña,
yo me voy contigo,
aunque mi madre me clave las uñas.
Amorfino 12
Mujer:
Si quieres que yo te quiera
manda a enladrillar el mar
y después de enladrillado
seré tuya sin pensar.
Hombre:
El agua yo la consumo
la arena la vuelvo cal
los peces serán ladrillo
ya está enladrillado el mar.
Mujer:
Usted para quererme a mí,
ha de contar con dinero.
Que gallo de pocas plumas,
yo no quiero en mi gallinero.
Hombre:
Yo no tengo plata,
ni tengo un coche.
Pero tengo un juguetito,
para que juegues toda la noche.
Mujer:
Yo no tengo plata,
ni tengo casa de teja.
Pero tengo una cosita,
que casi muerto te deja.
Hombre:
Si yo canto el amorfino,
no lo hago por afición,
canto porque soy montubio,
y lo llevo en el corazón.
Mujer:
Ya que tú eres un cantor
que canta con arrebato,
ahora quiero que me digas:
¿Cuántos pelos tiene un gato?
Hombre:
La pregunta que usted me ha hecho
me deja medio confuso,
los pelos que tiene un gato
son los que Dios le puso.
Mujer:
Cierto que tú eres cantor
y que cantas a caballo,
quisiera que tú me digas:
¿Cuántas plumas tiene el gallo?
Hombre:
Tú dices que eres poética,
que vives por poesía,
yo quiero que tú me digas:
¿Cuántas horas tiene el día?
Hombre:
Aunque me veas chiquiquito,
no me creas huevo 'e pato,
porque te vas a encontrar
con la horma de tu zapato.
Mujer:
No me andes molestando,
que no soy puerca parida,
yo no ando por engordar,
sino por pasar la vida.
Hombre:
Quisiera ser el zapato
de ese, tu mullido pie,
para ver de cuando en cuando
lo que tu zapato ve.
Mujer:
Se me descosió el zapato,
¿Cómo lo coseré?
con la punta de tu lengua,
para que no hables lo que no es.
Mujer:
Chiquirringo mío,
no te hagas despreciar,
mejor dile a tu madre
que te acabe de criar.
Hombre:
Mi padre me lo dijo,
a modo de ensalada,
si no me crías tú,
que me críe una casada.
Mujer:
Yo no quiero un hombre
que no sepa su deber,
yo quiero un hombre que sepa
mantener a una mujer.
La astucia y el ingenio montubio resplandecen en sus amorfinos, una estrategia para suavizar el ánimo de los oyentes:
Anoche me fui por verte,
por encima del tejado,
salió tu mamá y me dijo:
¡Por la puerta, desgraciado!
Por esta calle me voy,
por la otra me doy vuelta,
la muchacha que me quiere
que me deje la puerta abierta.
No me asombre compadrito,
que esto no es una pasada,
cuantas veces le repito,
que soy mujer casada.
Si tú quieres que te quiera,
será con este ajuste,
que tú no mires ni a una fiera,
y yo mire a quien me guste.
No soy de por aquí,
yo soy de Cabito de Hacha,
yo no vengo por las viejas,
sino por las muchachas.
El ser negro no es ofensa,
ni el color me quita fama,
que el zapato negro luce
en pie de cualquier dama.
Fiestas y fiestas tenemos,
pasando como amantes,
de todas formas nosotros
nos casamos el martes.
De esta casa no me voy
hasta no comer gallina,
en mi casa no las como
porque todas son muy finas.
San Pedro tenía una novia,
San Pablo se la quitó,
si así fueron los santos,
¿Por qué no he de serlo yo?
En el patio de mi casa
tengo una mata de cereza,
cada rama es un abrazo,
y cada cereza un beso.
Maldita la casa vieja
que no tiene cucarachas,
para engañar a la vieja
y llevarme a las muchachas.
Las muchachas de por aquí
no se dejan dar un beso,
en cambio las de por allá
hasta estiran el pescuezo.
Ante un amor no correspondido, no hay mejor remedio que ahogar las penas con un buen amorfino.
Ayer pasé por tu casa
con esta mi mala traza,
seguiré pasando
hasta que te caiga en gracia.
El anillo que me diste
fue de oro y se rompió,
el amor que me tuviste
duró poco y se acabó.
Al subir tus escaleras
se me quebró un escalón,
lástima que ya me muero,
carita de tentación.
De mi casa abajito
me pegué un resbalón,
ni siquiera me dijiste
levántate, Corazón.
La mujer bella y mal genio
es parecida al limón,
la cáscara es la bonita
pero agrio, agrio el corazón.
Cuando yo era chiquitito
lloraba por carne asada,
y ahora que estoy grandecito
lloro por mujer casada.
Mi amor es muy chiquito
pero sí sabe querer,
olvidar es que no sabe
pero tiene que aprender.
Cuando yo era chiquitito
todas me querían besar,
ahora que soy grandecito
ni pidiendo quieren dar.
Cuando paso por tu casa
compro pan y voy comiendo,
para que no diga tu mamá
que de hambre me estoy muriendo.
Allá arriba, en ese cerro,
tengo una cajita de oro,
donde guardo mis suspiros
y las lágrimas que lloro.
Cuando yo era chiquitito
lloraba por un ratón,
y ahora que estoy grandecito
lloro por un amor.