Carnaval en Quito 2026: qué hacer en la Ruta Escondida, el Chocó Andino y el Valle de Los Chillos

Si todavía no decides dónde pasar el Carnaval, puedes probar tres destinos que son imperdibles en el Distrito: el Chocó Andino, la Ruta Escondida y el Valle de Los Chillos.

Cinto con vista a la parroquia de Lloa

DESTINOS. Quito ofrece 33 parroquias rurales con naturaleza, gastronomía y tradiciones vivas para disfrutar en Carnaval.

¿No sabes a dónde ir este Carnaval? Quito no solo se vive en el Centro Histórico. Alrededor de la ciudad hay 33 parroquias rurales donde conviven bosques nublados, valles agrícolas, pueblos patrimoniales y cocinas tradicionales.

En este feriado destacan tres destinos que permiten descubrir otra cara del Distrito Metropolitano: el Chocó Andino, la Ruta Escondida y el Valle de Los Chillos.

El Carnaval quiteño tiene raíces profundas. Nació del sincretismo entre el Pawkar Raymi, la fiesta andina del florecimiento agrícola, y las celebraciones coloniales previas a la Cuaresma.

En la época de la Real Audiencia se popularizaron los bailes de máscaras, los juegos de agua y la sátira social. En el siglo XIX, prohibiciones como la de 1.868 transformaron los juegos con harina y huevos en agua perfumada y cascarones.

Parroquias rurales como Amaguaña conservaron desfiles florales y juegos con espuma que hoy forman parte del patrimonio cultural inmaterial.

Chocó Andino: naturaleza y turismo comunitario

En el noroccidente de Quito, el Chocó Andino es una puerta al bosque nublado y a una ruralidad exuberante reconocida por la Unesco como Reserva de Biósfera.

Parroquias como Pacto, Nanegal, Nanegalito, Calacalí, Nono y Gualea ofrecen senderos ecológicos, cascadas, ríos cristalinos y reservas privadas donde es posible observar colibríes y tangaras.

El visitante puede recorrer proyectos comunitarios como Yunguilla o reservas como Bellavista, Pahuma, Yanacocha, Pululahua, Amagusa y Maquipucuna. Muchas fincas abren sus puertas para mostrar procesos agrícolas sostenibles de cacao, café y caña de azúcar. La experiencia combina paisaje y aprendizaje sobre conservación ambiental.

La gastronomía nace directamente de la tierra: chocolate artesanal, panela fresca, aguardiente y platos criollos como caldo de gallina, fritada y tortillas. Comer en el Chocó Andino es sentarse a la mesa de productores locales.

Ruta Escondida: pueblos mágicos y mandarina

En el nororiente rural se encuentra la Ruta Escondida, integrada por Puéllaro, Perucho, Chavezpamba, Atahualpa y San José de Minas. Este corredor de valles agrícolas combina clima cálido, arquitectura colonial y una cocina profundamente ligada a la producción frutal.

Puéllaro invita a recorrer la Iglesia de San Pedro y subir a sus torres para observar el paisaje. En la Iglesia Antigua funciona el Museo del Aguacate, mientras que en sus fincas se puede cosechar mandarina, mango y aguacate. Las piscinas naturales, la pesca deportiva y el famoso pan de mandarina forman parte de su identidad gastronómica.

Perucho, considerado un ‘Pueblo Mágico’, es la parroquia más antigua de la ruta. Su Iglesia Parroquial de madera, fundada en 1.542 y construida entre 1.650 y 1.700, es uno de los templos más singulares del país.

Frente a la plaza funciona el Centro de Facilitación Turística. Aquí se puede recorrer el museo arqueológico, participar en la ruta de las fincas, degustar el tradicional “camote loco” y disfrutar de un clima primaveral.

Chavezpamba, la más joven de las parroquias, ofrece vistas panorámicas desde el Cerro Itagua, el complejo turístico Los Pensamientos- con piscinas y pesca de tilapias-, y mini granjas agroecológicas. Su iglesia fue construida mediante mingas comunitarias, reflejo de la organización rural.

Atahualpa, antes llamada Habaspamba, destaca por el agroturismo. En la Granja Campo Verde se cosechan uvillas y moras; en la Granja Dalí se vive experiencia de glamping y tours sensoriales. También se pueden visitar cascadas como la del Cucho, recorrer senderos, disfrutar de columpios panorámicos y conocer su cementerio temático de figuras en ciprés.

San José de Minas, a 80 kilómetros de Quito, combina aventura y descanso. Las aguas termales de La Calera y La Cocha, las cascadas de Cuvi, el parapente y las tolas arqueológicas de Alance atraen a visitantes. Su gastronomía incluye fritada, trucha, sancocho peruchano y vino artesanal de mandarina.

Valle de los Chillos: carnaval patrimonial

A pocos minutos del Centro de Quito, el Valle de Los Chillos, con parroquias como Alangasí, Amaguaña y Conocoto, ofrece una ruralidad cálida y festiva.

El Carnaval de Amaguaña fue reconocido como patrimonio cultural inmaterial por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural. Sus comparsas comunitarias, música tradicional y juegos con agua y espuma mantienen viva la herencia indígena y mestiza.

El valle se caracteriza por sus campos agrícolas, senderos suaves y plazas centrales donde la vida comunitaria continúa activa. Hornado, fritada, empanadas y dulces tradicionales se preparan en fogón de leña, convirtiendo la gastronomía en una experiencia colectiva. (EC)

Fuente: La Hora

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